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Rusia prohíbe la minería en regiones clave


La prohibición que el gobierno ruso firmó el 25 de julio alcanza a Moscú, su provincia y nueve localidades de Kursk, y podría leerse como una restricción territorial acotada. No lo es. Es el último tramo de una serie que fue apagando, una por una, todas las regiones donde la minería rusa era efectivamente viable.

Irkutsk llegó a concentrar el 59 % de los equipos del país, alrededor de 470.000 unidades sobre unas 800.000, cifra que en su momento representó cerca del 15 % del hashrate mundial. Allí está Bratsk, con una central hidroeléctrica de 4.500 megavatios, temperaturas bajas todo el año y de las tarifas eléctricas más baratas del mundo. Fue el destino natural de la migración que salió de China en 2021. Hoy está prohibida. Las regiones que quedan habilitadas no son las que tenían la combinación que hacía rentable el negocio.

El decreto de Moscú

El texto es el Decreto de Gobierno número 936, fechado el 25 de julio, firmado por el primer ministro Mijaíl Mishustin y publicado el 31 de julio como enmienda a un decreto anterior de diciembre de 2024. Rige entre el 15 de agosto de 2026 y el 31 de diciembre de 2032, y alcanza no solo a las instalaciones propias sino también a la participación de residentes locales en pools de minería.

En Kursk cubre los distritos municipales de Belovsky, Bolshesoldatsky, Glushkovsky, Korenevsky, Lgovsky, Rylsky, Sudzhansky y Khomutovsky, más la ciudad de Lgov. El gobernador Alexander Khinshtein atribuyó la crisis eléctrica de la región al conflicto en Ucrania, y los ocho distritos alcanzados están en la zona fronteriza.

El argumento en Moscú es de consumo. La minería demanda allí alrededor de un gigavatio, los sesenta y cinco centros de datos de la capital y su provincia suman 734 megavatios de capacidad instalada, y las proyecciones oficiales los llevan a 3,6 gigavatios hacia 2032, cerca del 17 % de la carga máxima regional. La comisión gubernamental que revisó el asunto en mayo concluyó que la contribución económica de la actividad no justifica su huella energética.

La serie completa

Rusia legalizó la minería mediante la Ley 221-FZ en 2024, con el argumento de monetizar excedentes energéticos, y Putin alentó a las regiones con sobrante eléctrico a aprovecharlos. Dos años después la lista de exclusiones cubre más de trece regiones.

Desde el 1 de enero de 2026 rige la prohibición anual en diez de ellas, entre las que figuran Daguestán, Chechenia, Osetia del Norte y los territorios ucranianos ocupados de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón. Durante el mismo año se sumaron Buriatia, Transbaikalia y el sur de Irkutsk. Algunas restricciones son permanentes y otras se aplican solo en los picos de demanda invernal. Kommersant informó además que el gobierno evalúa extender la medida a diecinueve regiones dentro de la zona de distribución eléctrica de Moscú.

El caso BitRiver mide el efecto acumulado mejor que cualquier estimación agregada. El mayor operador del país opera quince centros de datos con 533 megavatios de capacidad total y más de 175.000 equipos instalados. Sus instalaciones de Irkutsk dejaron de funcionar por la prohibición regional. La planta de 100 megavatios en Buriatia nunca llegó a operar, porque la restricción anual entró en vigor antes. La de 40 megavatios en Ingusetia fue cerrada por las fuerzas de seguridad en febrero de 2025 por seguir funcionando pese a la prohibición vigente.

La empresa entró en proceso de insolvencia en febrero de 2026, tras una petición presentada por Infraestructura de Siberia, del grupo En+, por deudas de 9,2 millones de dólares. El 30 de julio, su fundador Igor Runets pasó de arresto domiciliario a prisión preventiva, acusado de fraude a gran escala en un contrato con el mismo conglomerado, con un perjuicio estimado en mil millones de rublos.

La capacidad instalada y el hashrate global

Las estimaciones de consumo minero total en Rusia se ubicaron entre 1,3 y 1,7 gigavatios según la propia BitRiver. Una fracción sustantiva de esa capacidad está hoy apagada, en litigio o fuera del marco legal.

El efecto sobre la red de Bitcoin opera por la vía del ajuste de dificultad. Una salida significativa de hashrate reduce la dificultad en el siguiente reajuste y mejora transitoriamente el margen del resto de los mineros, hasta que la red vuelve a equilibrarse. Ese beneficio se distribuye de manera desigual, favoreciendo a los operadores eficientes mientras las instalaciones con equipos obsoletos o costos energéticos altos quedan por debajo del umbral de rentabilidad. Con Bitcoin cotizando por debajo de los máximos de fines de 2025, el margen para absorber ese ajuste es estrecho.



Por Sistemas, el 01/08/2026.

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