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El ciclo de cuatro años de Bitcoin a prueba


Bitcoin cerró el viernes 10 de abril en torno a USD 72.500, un 42 % por debajo del máximo histórico de USD 126.198 registrado el 6 de octubre de 2025. En las últimas 52 semanas, el rango se extendió entre USD 60.187 y USD 126.186, y el precio actual se ubica en la mitad inferior de esa banda. La jornada del viernes trajo un dato macro relevante: el CPI de marzo mostró un headline del 0,9 % mensual impulsado por el shock energético del conflicto con Irán, pero el core CPI sorprendió a la baja con un 0,2 % (contra el 0,3 % esperado). Bitcoin reaccionó con una suba moderada hacia USD 72.400, reflejando la lectura del mercado de que la inflación subyacente se desacelera incluso en un entorno de petróleo a USD 99 el barril. La Fed mantiene tasas en 3,50–3,75 % y el mercado descuenta un 99 % de probabilidad de que permanezcan sin cambios en la reunión de fines de abril.

El ciclo de cuatro años: ¿roto, mutado o simplemente retrasado?

La teoría del ciclo de cuatro años de Bitcoin se basa en la observación de que los picos de precio han coincidido históricamente con períodos de 12 a 18 meses posteriores a cada halving, seguidos por correcciones profundas y fases de acumulación que completan un circuito de aproximadamente cuatro años. Los ciclos anteriores operaron con una regularidad notable: pico en 2013, piso en 2015; pico en 2017, piso en 2018; pico en 2021, piso en 2022. En cada caso, el año posterior al halving fue el de mayor rendimiento.

El halving de abril de 2024 redujo la recompensa de bloque de 6,25 a 3,125 BTC, y bajo el modelo clásico, el pico debería haberse producido entre fines de 2025 y principios de 2026. En efecto, Bitcoin alcanzó su máximo histórico en octubre de 2025, 18 meses después del halving, consistente con el timing de ciclos anteriores. Lo que rompió el guión fue lo que vino después: 2025 cerró con un rendimiento negativo por primera vez en un año post-halving, y la corrección desde el pico acumula más del 40 %, un drawdown que se ubica dentro del rango histórico de correcciones de mitad de ciclo pero que se produjo con mayor velocidad que en ocasiones previas.

El debate sobre si el ciclo está roto o simplemente evolucionó se concentra en tres argumentos. Primero, los halvings ejercen cada vez menos presión de oferta: con el 94 % de los bitcoins ya minados, la reducción de 6,25 a 3,125 BTC por bloque representa un impacto marginal decreciente sobre la oferta total. Segundo, la estructura de demanda cambió radicalmente con la entrada de ETFs spot, tesorerías corporativas y custodia institucional, factores que no existían en ciclos anteriores y que proveen un bid constante que modera tanto las subas parabólicas como las caídas extremas. Tercero, y quizás lo más relevante, la correlación de Bitcoin con la liquidez global se ha intensificado. La tesis de Arthur Hayes y otros analistas macro es que Bitcoin no es un activo de halving sino un activo de liquidez: sube cuando los bancos centrales inyectan dinero y cae cuando lo retiran. Desde esa perspectiva, lo que importa no es cuándo fue el halving sino cuándo comienza el próximo ciclo de Quantitative Easing.

Grayscale, en su outlook para 2026, postuló que este será el año en que muere la teoría del ciclo de cuatro años, argumentando que la demanda institucional sostenida y la claridad regulatoria crean condiciones para una tendencia alcista prolongada que no necesita respetar el calendario cuatrienal. En el extremo opuesto, Fidelity advierte que la corrección actual es consistente con el modelo: el NUPL (Net Unrealized Profit/Loss) cayó al 19 % desde los niveles de euforia de octubre, la magnitud de la caída (52 % desde máximos) se ubica dentro de parámetros históricos de bear markets, y las métricas on-chain (MVRV en 1,3, Puell Multiple en 0,99) se encuentran en la base de los rangos que históricamente precedieron nuevas fases alcistas.

Estacionalidad: abril como mes bisagra y el patrón Q2

En términos estacionales, abril ha sido históricamente uno de los meses más favorables para Bitcoin. En los últimos diez años, el rendimiento promedio de abril fue positivo en la mayoría de los ciclos, con excepción de los años de corrección profunda (2018, 2022). El segundo trimestre en su conjunto tiende a mostrar un perfil mixto: a menudo comienza con fuerza en abril, se modera en mayo (el famoso «sell in May» que también afecta a cripto), y entra en consolidación durante junio.

En el contexto actual, abril de 2026 arrancó con un patrón técnico interesante. El precio formó lo que los analistas identifican como un piso redondeado (rounded bottom) en el gráfico diario, con una línea de cuello ascendente que converge con el nivel de Fibonacci 0,618 entre USD 73.151 y USD 73.240. Un cierre diario por encima de esa zona confirmaría la ruptura y proyectaría un objetivo del 11 %, en la zona de USD 81.720. El RSI de 14 períodos se ubica en 58,44, territorio neutral-alcista que indica momentum positivo sin sobrecompra.

Sin embargo, los indicadores de convicción no acompañan la estructura técnica. El open interest en futuros cayó más del 50 % respecto a los niveles de principios de año, las salidas desde exchanges spot se redujeron a la mitad, y el funding rate se mantiene prácticamente neutro. La estructura del patrón está lista, pero el combustible especulativo que tradicionalmente alimenta los breakouts no está presente.

Los catalizadores que definen los próximos meses

El CPI del 10 de abril fue el primer catalizador del trimestre: la sorpresa a la baja del core confirma que la inflación subyacente no se descontroló pese al shock petrolero, lo que reduce la probabilidad de subas de tasas y mantiene la puerta abierta para recortes en el segundo semestre. La reunión de la Fed de fines de abril no debería producir cambios, pero el tono de la comunicación sobre el balance de riesgos entre inflación y empleo (los payrolls de febrero cayeron 92.000 puestos, el dato más débil en meses) será determinante para las expectativas de política monetaria del resto de 2026.

La reserva estratégica de Bitcoin del gobierno de Estados Unidos sigue siendo un factor de soporte psicológico y estructural. Trump propuso no solo mantener sino ampliar las tenencias gubernamentales, un giro que habría sido impensable en administraciones anteriores y que consolida la narrativa de Bitcoin como activo de reserva a nivel estatal. Strategy (ex-MicroStrategy) mantiene más de 430.000 BTC y recientemente levantó USD 1.400 millones adicionales en efectivo, lo que sugiere acumulación continua.

Los ETFs spot de Bitcoin absorbieron más de USD 50.000 millones en el último año, y si bien los flujos se pausaron hacia fin de 2025, no se revirtieron masivamente. El grueso del capital institucional que entró permanece posicionado, lo que provee un piso que no existía en ciclos anteriores. Fannie Mae aceptó el primer producto hipotecario respaldado por cripto el 26 de marzo, un hito en la integración de Bitcoin con el sistema financiero tradicional.

La batalla legislativa en Estados Unidos ofrece tanto riesgo como oportunidad. El CLARITY Act (stablecoins) y la legislación de estructura de mercado son catalizadores potenciales de adopción masiva si se aprueban con marcos favorables, o de incertidumbre si las versiones finales resultan restrictivas. Bhután, que llegó a acumular 13.000 BTC a través de minería con energía hidroeléctrica, vendió silenciosamente el 70 % de su posición, reduciendo sus tenencias a 3.954 BTC, un recordatorio de que no todos los holders soberanos son compradores permanentes.

Soportes, resistencias y escenarios de precio

El soporte inmediato se ubica en USD 70.065, correspondiente al nivel inferior de la consolidación reciente. Una pérdida de esa zona pondría en juego los USD 64.920, el nivel donde la estructura alcista de mediano plazo se invalida completamente. El mínimo de 52 semanas en USD 60.187 funciona como referencia extrema.

Como resistencias, la zona de USD 73.151–73.240 (confluencia de neckline del piso redondeado y Fibonacci 0,618) es la definición del corto plazo. Un quiebre confirmado habilita USD 81.720 como objetivo medido. Por encima, USD 84.000, USD 100.000 (barrera psicológica) y el máximo histórico de USD 126.198 marcan los escalones hacia nuevos máximos.

El rango operativo de corto plazo se proyecta entre USD 65.000 y USD 82.000, con definición en torno al nivel de USD 73.200. Si la sorpresa del core CPI a la baja se refuerza con datos de empleo débiles y la Fed señaliza apertura a recortes, Bitcoin tiene las condiciones técnicas y macro para protagonizar un breakout hacia los USD 80.000+. Si la inflación headline se mantiene elevada por el petróleo y la Fed endurece su retórica, la corrección podría profundizarse hacia los USD 60.000–65.000, alineándose con la fase C del patrón correctivo de Elliott Wave que algunos analistas técnicos identifican.

La posición de Bitcoin dentro de la teoría del ciclo de cuatro años es, hoy, la pregunta más honestamente irresponsable que puede hacerse en análisis cripto. Si el ciclo sigue vigente, el precio debería comprimir durante 2026 antes de tocar un piso entre fines de año y principios de 2027, preparando el terreno para el siguiente ciclo alcista que llevaría hacia el halving de 2028. Si el ciclo mutó, como argumentan Grayscale y los analistas institucionales, la corrección actual puede ser el último sacudón antes de un nuevo tramo alcista impulsado por la demanda de ETFs, la integración financiera y el eventual regreso de condiciones monetarias expansivas.



Por Sistemas, el 11/04/2026.

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