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Si una máquina me lee un libro ¿estoy infringiendo algún derecho del autor?


El Kindle 2La respuesta a esta pregunta, que puede parecer sorprendente a algunos, tampoco es menos sorprendente: si, para algunas asociaciones de autores y editores de los Estados Unidos, si compráis un libro electrónico y la función de lectura en voz alta del Kindle 2 de Amazon os lo lee, le estáis provocando un daño económico tanto al autor como al editor de la obra.

Todo viene a raíz de que el nuevo lector de libros electrónicos (ebooks) del gigante norteamericano se ha lanzado incluyendo una funcionalidad que permite que sea el mismo aparato el que mediante una voz sintetizada, lea en voz alta el contenido de un libro. No hace falta hacer una versión grabada “manualmente”, leyendo el libro con unos actores para grabarlo y distribuirlo posteriormente en formato de audio. La actitud de este colectivo es fácilmente explicable: hasta ahora, si un cliente quería la versión hablada en audiobook, debía rascarse el bolsillo y gastarse el dinero que cuesta. A partir de ahora, y si tecnologías como esta siguen avanzando y consolidándose, es posible que podamos empezar a prescindir de esto.

Hay que indicar que hasta hace poco, las tecnologías de sintetización de voz para la lectura automatizada de textos no ofrecían una calidad mínima para seguir todo un libro de esta forma. Eso parece que empieza a cambiar en paralelo con las tecnologías que permiten reconocer el habla y convertirla en texto en una computadora, lo mismo pero al revés.

Su utilidad queda lejos de cualquier duda: mientras muchos puristas afirman que como el papel y la lectura “tradicional” no hay nada, las personas con discapacidades visuales cuentan con un ayuda inestimable para disfrutar del mundo de la literatura sin tener que recurrir a la ayuda de otra persona. Aquellas personas que por varios motivos no pueden estar pendientes de mirar un libro también se ven beneficiadas. Tenemos por ejemplo las personas que deben pasarse mucho rato ante la computadora o conduciendo, y que podrán escuchar un libro como aquel que sintoniza un programa de radio. O quizá los podcasts no existen?

Las ventajas son evidentes, así que ¿porqué tanto alboroto? simple, los poseedores de derechos quieren continuar cobrando, pero ahora parece que dos veces por lo mismo. Ellos afirman que con la voz sintetizada se añade una función al libro por la que no han pagado los lectores. Amazon se defiende con una evidencia: la funcionalidad añadida no se encuentra en el libro en sí mismo, ni se le añade nada; la nueva funcionalidad de lectura automatizada está en el aparato. Tienen toda la razón del mundo.

Una vez realizada la venta, no debería ser cuestión del vendedor qué hacemos o dejamos de hacer de nuestra nueva posesión, en este caso como se lee un libro. Porque ¿debería ser delito que una madre le lea un clásico de la literatura cuando este se va a la cama? ¿o que alguien declame poesía en un escenario público amparándose en un libro como apoyo y no memorizando los textos? Si cualquiera de estas prácticas no os parecen delictivas, entonces es que pensamos de la misma manera.

Aunque admito que existe un problema grave con la piratería (aunque exagerado por parte de los mismos interesados), estas entidades se pasan de la raya al intentar dictarnos qué podemos y qué no podemos hacer con los contenidos que adquirimos lícita y legalmente. Es el mismo problema que con la música; ¿porqué un sistema DRM me debe atar a un reproductor determinado si yo el día de mañana quiero comprarme otro? no tiene ningún sentido... excepto el de pasar por caja varias veces por el mismo producto. Si, una jugada inteligente, pero no creo que todos seamos tan tontos...

Para mí, esta gente no dista mucho de los capellanes que en plena revolución industrial tildaban a las máquinas de vapor de “ingenios del diablo”. Es cierto que el avance tecnológico tiene siempre una cara oscura, pero esta es provocada por el uso que los seres humanos damos a las tecnologías, y no por su misma naturaleza. A fin de cuentas, la tecnología empleada para impulsar un cohete puede ser utilizada para disparar misiles que lleven un explosivo para matar a otras personas, o bien para llevar a la humanidad a atravesar la frontera del espacio y colonizar otros mundos. Un buen ejemplo de esta dicotomía es Werner Von Braun, cerebro de las V1 y V2 nazis y posterior artífice del programa Apolo norteamericano, que si se hubiera dedicado solo a la carrera espacial probablemente muchos londinenses se lo hubieran agradecido.

Si hemos de ponernos en contra del progreso, hagámoslo de todas todas: ataquemos a la imprenta, que no en vano es la culpable de que posteriormente se inventase la fotocopiadora y, por lo tanto, surgiera la posibilidad de hacer copias indiscriminadas de contenidos gráficos. Pero no nos quedemos ahí, vayamos más allá y prohibamos cualquier forma de escritura. Si nadie sabe leer ni escribir, seguro que no se podrán hacer copias de textos y los derechos de autor quedarán bien protegidos.

Exagerado? si, sin duda, pero solo os ponía un ejemplo muy extremo de lo que nos jugamos si empezamos a limitar el potencial desarrollo tecnológico. No en vano, el Kindle 2 puede suponer un precedente sobre el que se construya un sintetizador de voz que permita hablar a personas mudas, o de otras tecnologías que ni nos imaginamos.



Por Guillem el mes de marzo del 2009

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