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Cómo funciona la privacidad en Facebook? Cómo protegernos?


Es un arma de doble filo? Y no sólo en Facebook, sino en cualquier red social o servicio online en general. Cuando creamos una cuenta, se nos piden una serie de datos personales, como nuestro nombre, dirección de correo electrónico, fecha de nacimiento, número de teléfono,... ¿Todo esto para qué sirve?

Pues teóricamente, para que la compañía que nos proporciona el servicio (que es gratuito) pueda adaptarlo a nuestras necesidades al conocernos mejor. No obstante, está más que demostrado que, a la práctica, estos datos sirven para hacer negocio.

Si no pagas por el producto, es que el producto eres tú.

Esta máxima se ha demostrado como cierta no solamente para los servicios online, sino también en la vida fuera de la red de redes.

Así, por ejemplo, las discotecas que dan entrada libre a las mujeres, las utilizan como “producto” para atraer al sector masculino, tal y como ya han denunciado algunos colectivos feministas. Así, lo que parece ser gratis en un principio, tiene en realidad un precio.

Estos datos sirven para afinar la publicidad que se muestra a los usuarios del servicio acorde con lo que buscan y les interesa. Publicidad que es contratada por Facebook pero que acaba siendo utilizada por terceras partes, las compañías que se anuncian en la red social.

Las empresas que contratan la publicidad pueden acceder a los datos de los usuarios que ven o hacen clic en su publicidad, como bien ha demostrado el escándalo de Cambridge Analytica, además de poder acceder a bases de datos de personas dadas de alta en la red social aunque no hayan interactuado con su publicidad.

No es la única forma en la que las empresas pueden obtener datos de los usuarios de redes sociales en general y de Facebook en particular.

Filtraciones desde la propia Facebook (si a un empleado con acceso a datos privados, le ponen la suficiente cantidad encima de la mesa, es posible que pueda caer en la tentación), agujeros de seguridad (nadie es perfecto), o desarrollo de soluciones de software para realizar acopio de datos.

¿Qué solución tenemos para preservar nuestra privacidad? No dar datos o bien darlos falsos.

Por ejemplo, un seudónimo en vez del nombre, no indicar fecha de nacimiento ni el lugar de residencia, no poner foto de perfil que sea una imagen propia... todo ello son tácticas que, sin embargo, no garantizan un anonimato total.

Aunque no demos nuestros datos reales en las redes sociales, estas siempre podrán realizar un cierto seguimiento de nuestras actividades.

Así, podrán saber desde donde nos conectamos mediante la geolocalización de nuestra dirección IP (con la excepción de que utilicemos un proxy que la enmascare), y crear un perfil de nuestro usuario, que aunque no puedan conectar con nuestra identidad real, sí podrán establecer un perfil de preferencias para presentar publicidad y/o vender los datos.

Mediante los demás perfiles que visitamos, a quienes tenemos de amigo, lo contenidos sobre los que hacemos clic... todo esta información acaba conformando un dossier que, si bien puede no identificarnos con nuestro nombre, sí crea un perfil que recoge nuestras preferencias.

En el teléfono móvil, nuestra privacidad corre todavía mayor riesgo.

Este aparato permite geolocalizar los sitios en los que hemos estado, y si utilizamos las redes sociales es probable que esta información sea también almacenada.

¿La mejor forma de no poner en riesgo nuestra privacidad en redes sociales? Es muy radical, pero consiste simple y llanamente en no darnos de alta en ellas.

¿Y si ya nos hemos inscrito? ¿Podemos desaparecer de ellas? Pese a que todas las redes sociales disponen de mecanismos para darnos de baja, es posible que muchas de ellas se sigan guardando nuestros datos después de haberlas abandonado. Por lo tanto, y si bien teóricamente es posible desaparecer, dependemos siempre de que las empresas cumplan lo que prometen.

Imagen Fotolia Ajaykarat



Por Guillem el mes de mayo del 2018

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