Sistemas

Slackware 13.0, los viejos roqueros nunca mueren


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Espero sepan disculparme, pero para la introducción de este artículo voy a explicarles una “batallita” de mi época universitaria: la primera distribución de GNU/Linux que instalé en una computadora fue una Slackware (no recuerdo qué versión). Corría el año 94 o 95, y fue gracias a una publicación especializada que tuve acceso a aquel nuevo sistema operativo que hasta entonces desconocía. Un mes tardé en instalarla (mi unidad de CD Mitsumi no era bien reconocido, así que tuve que buscarme la vida copiando una parte al disco duro e instalándola en dos etapas) y otro mes para poder utilizar el entorno gráfico en condiciones (trabajándome el fichero de configuración a mano, a base de ejemplos y de buscar información y ayuda en Internet).

Quince años más tarde, da gusto ver que algunas cosas han cambiado bastante, pero que otras permanecen inmutables. Slackware es de las pocas distribuciones que ha sabido sobrevivir al paso de los años fiel a su concepción original y ofreciendo versión tras versión lo que esperaban sus usuarios.

Es posible que a mucha gente que lleva pocos años vinculada al entorno GNU/Linux no le suene mucho el nombre de esta venerable distro. Tampoco es de extrañar; yo mismo estuve muchos años sin oír nada de ella, pese a estar continuamente al día de las principales noticias tanto de este sector concreto como de otros.

Slackware ha ido haciendo su camino sin estridencias, sin buscar el ser una distro mainstream (de primera línea), sino siguiendo una filosofía mucho más “purista linuxera” (si se me permite la expresión): facilita hasta cierto punto la instalación del sistema operativo en la computadora, pero también le exige al usuario que se implique en lo que es el conocimiento de la máquina.

Con ello, no proporciona facilidades que ya son algo que se da por hecho en otras distribuciones, como puede un instalador gráfico. Slackware utiliza un instalador en modo texto que un usuario de perfil bajo podría considerar muy poco evolucionado, difícil y arisco. No obstante, el mismo instalador puede ser visto por un administrador de sistemas como una herramienta muy práctica que le permite seleccionar exactamente los paquetes que necesita y quiere en su sistema y ejercer un control total sobre él.

La última versión publicada de Slackware, la 13 (si, no apta para supersticiosos), incluye entre otras novedades la última versión de los entornos gráficos de escritorio KDE y Xfce, a la par que es la primera en ofrecer soporte oficial para la arquitectura x86_64. Particularmente, me ha dado alegría saber que el gestor de arranque LILO continua siendo el utilizado por esta distro, cuando casi todas las demás ya han hecho el cambio a Grub. Si funciona ¿porqué cambiar?

Finalmente, una recomendación: el excelente libro de Slackware (Slackbook), que puede descargarse gratuitamente de la web en formato electrónico (PDF, HTML,...) o adquirirlo en papel a través de la tienda de la distribución, con lo que se colabora en su desarrollo.



Por Guillem el mes de septiembre del 2009

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