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Recomendaciones para comprar una computadora


La compra de una computadora es una inversión relativamente alta -o, por lo menos, puede serla- de una máquina que sirve a varios propósitos, y que deberíamos planificar mínimamente bien para disfrutar de una larga vida operativa que nos permita maximizar nuestra inversión.

Para empezar, pregúntate: “¿Qué quiero hacer con mi computadora?

Esta pregunta tiene una gran importancia, puesto que hay tareas (como el gaming, el diseño 3D o la edición de vídeo) que requieren de cierta potencia, aunque no será el mismo tipo de potencia que si, por ejemplo, queremos que nuestra máquina también se pueda desempeñar como un servidor. Y ni hablar de comparar estos roles con los de una máquina simple para la ejecución de trabajos de ofimática y algo de navegación a través de Internet.

Vamos a ver ahora una pequeña guía para los diferentes componentes de nuestra máquina. Intentaré hacerla bastante “atemporal”, pero incluyendo también referencias actuales.

Microprocesador: debes calcular qué potencia necesitarás ahora y en el futuro, porque es difícil de actualizar, y cuanto más potente, más caro.

Yo, por ejemplo, soy un tipo que apenas juega con la compu, ni hago trabajos técnicos como programación que requieran de una gran potencia para compilar programas. Más bien escribo y navego por Internet, con lo que con un procesador no muy potente, en teoría debería tener suficiente.

Estoy hablando de un Intel Atom o Celeron, o si quiero algo un poco más “decente”, un i3, sin tener que llegar a pagar los precios algo más elevados de un i3 o un i5.

Las gamas de computadoras también montan microprocesadores acorde con el público al cual se dirigen. Así, los portátiles ligeros y de bajo precio utilizan micros ATom, mientras que los sobremesas empiezan en la gama de los Celeron y terminan con los Core i7 más potentes.

Hay que tener en cuenta que también existen versiones móviles de los micros, optimizadas para su uso en portátiles, y procesadores con características optimizadas para áreas concretas como los servidores (que quedan fuera de este artículo por ser un material destinado a usos estrictamente profesionales) y videojuegos.

Aquí también sería preciso contemplar la posibilidad de adquirir una máquina basada en un microprocesador de AMD, la rival directa de Intel (de hecho, la única rival de entidad que tiene). Estos micros pueden ofrecer un rendimiento similar por un precio ligeramente inferior.

La placa base: ¿poco margen de elección?

En una PC portátil o en una computadora de sobremesa de una gran marca, este es un tema que vendrá “cerrado”, es decir, no podremos optar a elegir una placa base que nos convenga. Donde sí podremos hacerlo es en una configuración abierta de una máquina hecha a medida, para lo cual recomiendo documentarnos mucho y bien a través de Internet.

Una placa base bien elegida nos brinda posibilidades de ampliación en el futuro, como la incorporación de las últimas unidades de almacenamiento flash en formato de conexión M.2, que son ultrarrápidas.

Hay, además (y al igual que en el caso de los microprocesadores), placas base destinadas a un sector concreto de uso, como en el caso del gaming, placas que poseen características para aguantar el ritmo de trabajo demandado y proporcionar los recursos y la velocidad requerida.

Por lo tanto, si sabemos que vamos a utilizar nuestra computadora para jugar a juegos exigentes en el plano gráfico, no solamente debemos cuidarnos de que la tarjeta gráfica sea competente, sino también que la placa base sea capaz de soportar unas memorias rápidas, y que sea compatible con los medios de almacenamiento más veloces.

La memoria: -casi- siempre a punto de ampliar.

En el caso de un portátil (como pasa en los últimos MacBook de Apple) podemos encontrarnos con que la memoria RAM es un componente que no viene en forma de módulos que pueden extraerse y cambiarse, sino que viene soldada en la placa base, impidiendo con ello poder cambiarla.

Esto hay que vigilarlo de cara al futuro, porque una ampliación de RAM puede dar una segunda vida y unos cuantos años de operativa a una computadora. Yo mismo, por ejemplo, tengo un MacBook de Apple de hace una década, el cual pasé de los 2 GB (Gigabytes) que tenía inicialmente, 4 y 8 sucesivamente. Con esto y una unidad SSD de alta velocidad en vez del disco duro mecánico que montaba, le he dado una nueva vida por un presupuesto más ajustado que comprar una máquina nueva.

Actualmente, el mínimo imprescindible para poder trabajar con cualquier sistema operativo es de 2 GB, aunque es recomendable ya contar, por lo menos, con 4 GB para poder abordar cómodamente las tareas de cada día. 8 GB sería lo idóneo para trabajar muy suelto y sin preocuparse por el futuro a largo plazo.

Mayor cantidad, si no jugamos o hacemos un trabajo que requiera diseño 3D u otros muy exigentes, no se justifica. Y si planificamos nuestro nuevo equipo para que la memoria pueda ampliarse en un futuro de 8 a 16 o 32 GB, no tendremos que sufrir por nada.

El tipo de la memoria también es importante. Actualmente, la más reciente es la especificación DDR4 de 2014.

Almacenamiento: mejor si es SSD.

Si tenemos una computadora que ya tenga unos cuantos años y le cambiamos el disco duro mecánico por una unidad de almacenamiento masivo basada en tecnología óptica, la mejora es notable. Un amigo mío afirma, sin rubor, que el disco duro mecánico es “el último cuello de botella” a superar.

Para el caso que necesitemos mucho espacio de almacenamiento, una unidad SSD de gran capacidad tal vez se nos iría mucho de precio, por lo que hay dos opciones para rebajar el presupuesto en este caso: la primera es montar una unidad híbrida, que tiene una parte SSD y otra mecánica, y que sin llegar al rendimiento tan alto de la primera, supera el de la segunda; la otra opción, no válida para portátiles (que solamente disponen de una bahía para medios de almacenamiento) pero que puede aplicarse bien en un equipo de sobremesa, consiste en instalar dos unidades: una SSD para el sistema operativo y todos o parte de los programas, y un disco mecánico de gran capacidad para los datos.

Si, por ejemplo, tenemos una gran colección de películas, esta puede ser una muy buena opción.

También debemos plantearnos la adquisición de dispositivos de almacenamiento externos, sobretodo para mantener copias de seguridad de los contenidos que más apreciemos, como nuestras fotos personales.

Un parámetro a tener en cuenta de las unidades de almacenamiento es la velocidad de lectura y de escritura. Cuanto más alta, mayor rendimiento nos proporcionarán estas unidades.

En cuanto a formatos, si queremos disfrutar de lo más rápido actualmente en el mercado, podemos decantarnos por una unidad M.2, aunque seguramente su precio se elevará. Un SSD con conector SATA clásico nos dejará en un buen lugar.

En el caso de los portátiles, la elección de tecnología de almacenamiento estará más limitada por la tecnología empleada por los fabricantes en los modelos que nos interesen.

Tarjeta gráfica: potencia y salidas, los dos factores a vigilar.

Para una computadora en la cual debamos, básicamente, trabajar, este es un factor poco importante, puesto que cualquier tarjeta gráfica incorporada en placa base actual es capaz de ofrecer el rendimiento necesario, permitiendo incluso jugar (si no es a juegos muy exigentes de última generación) y disfrutar de contenidos multimedia como películas.

Si vemos que vamos a necesitar algo más potente, como por ejemplo para juegos o edición 3D/de vídeo, debemos optar por una tarjeta gráfica dedicada. También, si las salidas de vídeo que nos ofrece la tarjeta incorporada en placa, no son suficientes o las adecuadas, deberemos montar una tarjeta gráfica dedicada.

Si nos decantamos por esta última opción, deberemos vigilar, sobretodo, la potencia de la GPU, la cantidad y el tipo de la memoria instalada, y las salidas de vídeo que posee.

Si, por ejemplo, disponemos de un antiguo monitor con entradas VGA y DVI, deberemos vigilar que la tarjeta elegida disponga de, por lo menos, una de estas. Si tenemos dos monitores, necesitaremos una tarjeta que tenga salidas de vídeo suficientes y en el formato adecuado para conectarlos simultáneamente (su gestión ya dependerá entonces del sistema operativo elegido).

tarjeta de red por cable: recomendable que soporte velocidad Gigabit.

Es un punto al que muchas veces no le damos importancia, pero que en realidad puede marcarnos un buen rendimiento cuando realizamos, por ejemplo, streaming de películas o jugamos.

En una tarjeta Ethernet, debemos pensar en buscar que esta sea compatible 10/100/1000 Mbps (1 Gbps).

En cuestión de comunicaciones inalámbricas ya es otra historia...

Wi-Fi: los últimos estándares, pero siempre teniendo en cuenta si la podemos cambiar.

Una tarjeta Wi-Fi PCI o USB externa siempre puede ser actualizada. En las computadoras portátiles también podemos tener esta posibilidad, si el dispositivo no está soldado en la placa base (cosa que ocurre a veces).

Para los portátiles: el tamaño sí importa (y, con él, el peso).

No va a ser lo mismo un portátil para utilizar principalmente en casa o el trabajo (o para llevarlo de casa al trabajo en coche), que un portátil para llevar todo el día encima y a pié en muchas ocasiones.

Está claro que mientras en el primer caso podemos sacrificar pequeñez y ligereza para aumentar en prestaciones y potencia, en el segundo caso deberemos intentar aligerarlo todo lo posible, concediendo ciertas carencias a cambio de que al final del día, no se nos haga pesado.

Los formados ultraligeros existen desde hace tiempo, y si bien al principio sus microprocesadores no eran muy potentes, han ido evolucionando, y ahora es posible adquirir una máquina que ofrezca un rendimiento comparable o, incluso, idéntico al de un desktop.

En estos casos hay que tener en cuenta los puertos de E/S que incluyen y la alimentación. Un portátil que disponga de un puerto USB-C para alimentarlo permite que utilicemos cargadores con batería propia externos, aumentando así su autonomía.

La autonomía de las baterías, por cierto, un aspecto que debemos tener muy en cuenta, sobretodo si el portátil lo compramos para estar todo el día dando vueltas con él.

Fotolia - anggar3ind



Por Guillem el mes de febrero del 2019

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